Heidegger y el ser para la muerte
Introducción
Independientemente del juicio de valor que nos merezca Ser y tiempo, su lectura
es considerada imprescindible para llegar a una adecuada formación filosófica en
nuestra época. Si bien hay dos principales perspectivas para abordar su interpretación,
este trabajo se limitará a una descripción de los contenidos de la obra con la finalidad de
facilitar su acceso a los lectores y permitir que ellos sean quienes elaboren sus juicios
con base en la comprensión obtenida.
La perspectiva existencialista y la ontológica tienen argumentos para sustentar
las interpretaciones que se desprenden de Ser y tiempo, pero por ello no se descarta que
pueda ser interpelado con otras miradas (por ejemplo, la hermenéutica), por lo cual es
preferible intentar una explicación que procure un máximo de objetividad.
Esta explicación es necesaria porque Ser y tiempo es un texto extenso, complejo
y cargado de términos difíciles, en su mayor parte neologismos creados por su autor
para expresar lo que el lenguaje habitual no le permite: construcciones lingüísticas
inusitadas ―prefijos inusuales y sufijos poco comunes revelan los significados ocultos
y las connotaciones no explícitas de las conversaciones cotidianas―. En cualquier caso,
para muchos lectores, el lenguaje en principio extraño y difícil de Ser y tiempo está
plenamente justificado por la constatación de que Heidegger está pugnando por decir las
cosas para las que los términos convencionales y construcciones lingüísticas habituales
son inadecuados. De hecho, para algunos pensadores que han trabajado en su misma
trayectoria, el lenguaje de Heidegger se convierte en el lenguaje de la filosofía.
No obstante, visto desde la perspectiva de las propias intenciones de Heidegger,
su trabajo está incompleto. Proyectó la elaboración de dos partes, cada una de las cuales
se dividiría en tres. La publicación realizada bajo el título de Ser y tiempo corresponde a
las dos primeras divisiones de la pretendida primera parte. Las razones de esta falta de
un cierre definitivo se estudiarán más adelante.
CAPÍTULO I
i. i Análisis existencial como consecuencia del establecimiento de la diferencia ontológica
entre el ente y el ser
El propósito de Heidegger es renovar la pregunta sobre el ser. Su inquietud nace
al constatar que es la investigación olvidada por los filósofos.
Sobre la base de los comienzos griegos de la interpretación del ser, llegó a
constituirse un dogma que no solo declara superflua la pregunta por el
sentido del ser, sino que, además, ratifica y legitima su omisión. (Heidegger,
1926, p.13)
Se dice: el concepto de ser es el más universal y vacío. Como tal, opone
resistencia a todo intento de definición. El concepto de ser es indefinible. En este punto
es comprensible la imposibilidad de arribar a una definición si nos atenemos a los
preceptos de Aristóteles:
Es lo que se ha concluido de su suprema universalidad. Y con razón —si
definitio fit per genus proximum et differentiam specificam. En efecto, el
“ser” no puede ser concebido como un ente. (Heidegger, 1926, p.14)
Esta imposibilidad de definir lo que es el ser lleva a Heidegger a cuestionarse
por el sentido del ser. La pregunta nace porque el sentido está envuelto en oscuridad,
aunque el concepto de ser sea “un concepto evidente por sí mismo”. Nadie puede
objetar que:
(…) en todo conocimiento, en todo enunciado, en todo comportamiento
respecto de un ente, en todo comportarse respecto de sí mismo, se hace
uso del “ser”, y que esta expresión resulta comprensible sin más. […]El ser
se encuentra en el hecho de que algo es y en su ser así, en la realidad, en el
estar ahí [Vorhandenheit], en la consistencia, en la validez, en el existir [
Dasein] a, en el “hay”. (Heidegger, año, ps. 15-17)
Estamos ante una contradicción: aquello que más creemos entender ―por el
modo en que nos comportamos ante los entes― nos resulta lo más inexplicable.
Esto no es extraño si reconocemos que el Dasein posee siempre una
comprensión preliminar y rudimentaria de todo lo que pregunta o interpreta. Elaborar
interpretaciones del mundo y luego cuestionarse la propia existencia es admisible y
posible porque esta comprensión previa inspira, guía y se lo permite al Dasein.
Heidegger afirma luego que “como ente de este ser”, o sea, por el hecho de tener
este ser, el Dasein está entregado a su propio ser. Esto quiere decir que el Dasein no
escoge el ser que tiene ni tampoco se da a sí mismo su ser, sino que se encuentra
instalado en él, sin intervención propia. El ser mismo, del que aquí se habla, es el ser
del propio Dasein, que consiste en tener que ser-ahí, y tener que afirmarse en el ser en
cuanto tal. El ser del Dasein lo fuerza a estar en la apertura de las cosas, ante el mundo
y ante sí mismo. Esta apertura es la apertura del ser en cuanto tal.
Se señaló que la esencia del Dasein consiste en su “tener que ser”. Con esto
Heidegger da a entender que su esencia implica, necesariamente, la forzosidad de ser, o
sea, la existencia.
Los caracteres destacables de este ente no son, por consiguiente, “propiedades”
que estén ahí de un ente que este ahí en cuanto tal o cual aspecto, sino siempre maneras
de ser posible para él, y solo eso. En esto queda instalado el ser del Dasein en cuanto
proyección, en dirección hacia un futuro, en dirección a la posibilidad de ser, de
existencia, sobre la cual se ve arrojado.
Por eso el planteamiento de esta pregunta, como modo de ser de un ente, está, él
mismo, determinado esencialmente por aquello por lo que en él se pregunta ―por el
“ser”― generándose una marcada diferencia entre aquel que pregunta, que es el que
pregunta y los entes que meramente son.
A este ente que somos en cada caso nosotros mismos, y que, entre otras
cosas, tiene esa posibilidad de ser que es el preguntar, lo designamos con el
término Dasein. (Heidegger, 1926, p. 18)
Para Heidegger es su propia comprensión la que le revela al Dasein que “en su
ser le va su ser”. Con esta frase destaca que el Dasein tiene incertidumbre acerca de su
propio ser, y también nos presenta la idea de que este se da cuenta de tal incertidumbre.
No debemos apartarnos de la idea que Heidegger considera más relevante según la cual
al ser del Dasein le va su ser: significa que el Dasein, en cuanto Dasein, tiene un cierto
conocimiento o comprensión de su propio ser que consiste en la noción de que es finito
o incompleto y quizás el sentimiento de que su ser es incierto y está amenazado.
El Dasein no es tan solo un ente que se presenta entre otros entes. Lo que
lo caracteriza ónticamente es que a este ente le va en su ser este mismo ser
. Es propio de este ente el que con y por su ser éste se encuentre abierto
para él mismo. La comprensión del ser es, ella misma, una determinación de
ser del Dasein. El Dasein se comprende siempre a sí mismo desde su
existencia, desde una posibilidad de sí mismo: de ser sí mismo o de no serlo
. (Heidegger, 1926, ps. 22-23)
A partir de estas ideas Heidegger establece la diferencia entre Dasein y el resto
de los entes, lo que le permite esclarecer las características definitorias el primero. Estas
labores están, por tanto, inextricablemente unidas, pero procuraremos separarlas.
El ser-con es un rasgo ontológico, por lo que aunque pueda “parecer” que el
Dasein está solo, este estado óntico no contradice necesariamente su constitución
ontológica. Por otro lado, la situación óntica del Dasein no confirma tampoco la citada
estructura ontológica. Esta es la diferencia crucial que existe entre “óntico” y
“ontológico”. Exterior u ónticamente, el Dasein podría ser (estar) o no con otros, pero
esta última circunstancia no altera el hecho de que su ser sea un ser-con. Por tanto, el
Dasein es siempre ser-con, aun cuando este ser-con tenga lugar de un modo deficiente.
El Dasein, pues, no puede apartarse del otro —excepto en el sentido óntico que
acabamos de examinar.
Esta circunstancia lleva a deducir que la pregunta por el ser nos conduce a
las condiciones a priori de la posibilidad no solo de aquellas ciencias que
investigan el ente en cuanto tal sino a la condición de posibilidad de las
ontologías mismas que anteceden a estas ciencias ónticas y constituyen su
fundamento.(Heidegger, 1926, p.21)
En esta parte del texto se puede vislumbrar el problema respecto a la
diferenciación entre lo ontológico y lo óntico, ya que se tiene que definir por lo que no
es. El argumento fundamental para suponer que los entes se muestran como utensilios,
se basa en la misma estructura del mundo en el que se encuentra el Dasein y que
capacita a este para ver las cosas como tales. El ser del Dasein tiene la condición de
estar constantemente persiguiendo alguna meta. Las condiciones suficientes para
distinguir al ser del Dasein, de lo que Heidegger llama el carácter no-Dasein de todo lo
que no es Dasein. Esto no solo permite que las características del Dasein definan lo que
este es, sino que permite determinar los que son los otros entes en función de lo que
significan en el mundo del Dasein. Sabemos que ni la filosofía ni la naturaleza son entes
, sino creaciones del Dasein para orientarse en el mundo.
Con relación a las condiciones que determinan las posibilidades de una idea del
mundo, las posibilidades a priori de la percepción, el espacio y el tiempo, tenemos que
la visión derivativa del espacio que nuestro filósofo sostiene, poco puede decirnos
acerca de la Naturaleza fundamental del mundo. La idea de Heidegger es precisamente
que tal visión del mundo es una “tematización” y solo es posible cuando los entes a los
que se hace frente están despojados de su “mundanidad”. En esta visión la temporalidad
adquiere un especial relieve.
¿Qué podemos decir de la diferencia ontológica? El sentido principal del ser era,
en principio, verbal, pero a veces también era utilizado para referirse al sentido nominal
de sustancia o “ser supremo”. Desafortunadamente, aunque los primeros filósofos
eligieron el primer sentido, Platón y sus discípulos optaron por la ultima interpretación
de esta palabra: “ser supremo o sustancia”. Esta interpretación originó un movimiento
que se alejaba del radical “pensamiento sobre el ser”, conduciéndose hacia una
búsqueda del sentido del ser en algún principio último o en un agente divino. Con esta
denominación se evade la comprensión de la naturaleza distintiva del Dasein respecto a
los demás entes. Heidegger consideraba que fuera cual fuera la búsqueda de un origen
del ser (ya sea en algún tipo de sustancia o en un ser trascendental como Dios) era una
evasiva a la pregunta fundamental.
A pesar de que los planteamientos previos a Heidegger estaban basados en el
intento de cuestionar al ser ónticamente, la ontología de Heidegger se ocupa de la más
fundamental de las cuestiones, y su pregunta, ¿cuál es el sentido del ser?, es anterior al
resto de los interrogantes, ya que el ser es anterior a todo. Por este motivo llama a este
planteamiento ontología fundamental. Esta estudia qué clases de cosas existen y cómo
caracterizarlas. Por su parte, Heidegger señala que no puedo mirar al mundo
objetivamente porque el mundo no está, y quizá no pueda estar fuera de mí, ya que
estoy, y siempre he estado, desde el nacimiento, en el mundo existente, como parte de él
. Estoy inextricab1emente unido a todos los demás entes en una red de significado que
abarca a todo. Esto permite a Heidegger establecer la imposibilidad del solipsismo, la
necesidad del mundo exterior en la comprensión de la propia identidad y también
viceversa.
Podemos decir que la diferencia entre ser y ente es de singular importancia, y
que la distinción entre estos dos términos define toda la filosofía de Heidegger. Un ente
es todo lo que tiene una existencia de algún tipo (humanos, animales, cadenas, sillas,
moléculas, procesos químicos). Es cualquier acontecimiento o cosa que existe. Por el
contrario, Heidegger usa la palabra ser para referirse a la esencia de estas entidades: la
condición primordial, el fundamento que permite que todo en el universo llegue a la
existencia.
Algunos autores considera que los conceptos de ser y el de ente se necesitan
entre sí para tener sentido, igual que la noción de noche no tiene sentido sin la
existencia del día, sin embargo la noción de ser y de ente se necesitan más bien como el
concepto de flor y el de planta o el de vertebrado y el de animal: no puede haber entes
sin ser y no hay ser sin entes. A pesar de la diferencia entre estos dos conceptos de ser y
ente, cada uno necesita del otro para tener sentido. Tal vez se pueda comprender mejor
la relación si comparamos al ser con la luz y los entes con la visión. La primera es la
condición previa necesaria para ver: sin luz, la visión sería imposible. Esto nos conduce
a lo que podríamos considerar la principal dificultad que enfrenta la ontología (la
filosofía del ser): como el ser no es un ente o “cosa”, no tiene ninguna propiedad ni
característica mensurable. No se puede ver, oír o saborear, por tanto el proceso de
comprensión es muy diferente de la sencilla observación, medida y clasificación que se
utiliza para entender las cosas. Heidegger llama a esta diferencia entre el ser y los entes
diferencia ontológica. Esta constituye no solamente la diferencia ontológica, sino
también la raíz de la dificultad para encontrar el sentido del ser, y por ende el sentido de
la existencia humana. Esto nos lleva a una paradoja: el ser está más cerca del hombre
porque es la esencia de su existencia, y simultáneamente está más lejos de él, porque no
es un ente con el que se pueda relacionar de modo directo; lo que lo aleja del sentido al
mismo tiempo que posibilita que la existencia propia lo tenga, es la diferencia
ontológica.
fin pag. 7
Siendo el ser imperceptible, porque está oculto en los entes que nos resultan del
todo opacos, no puede revelarse fuera de los entes en lo que habitan. Una ciencia óntica,
como la geología, estudiaría la composición material y la historia de la roca, mientras
que la ontología intenta pensar en el ser de la roca, comprender qué es lo que le ha dado
la existencia y cómo se manifiesta. Heidegger se aproxima a la pregunta por el ser
investigando al ser de los entes.
Esta línea de pensamiento pone de relieve que solo los humanos pueden
cuestionar y querer comprender el ser y solo nosotros nos preguntamos qué es. Entonces
, tenemos que concluir que el simple hecho de formular esa pregunta demuestra que
tenemos algún tipo de conocimiento previo del ser aunque el mismo no sea muy claro.
Es obvio que para poder componer una pregunta, es necesario tener un atisbo de
comprensión sobre el contenido por el que nos interrogamos. Esto conduce al resultado
que Heidegger obtiene a partir de la pregunta por el sentido del ser: si bien el ser
caracteriza cualquier ente, esta posibilidad de preguntarnos nos obliga a actuar en
consecuencia, y deberíamos comenzar a interrogarnos sobre la forma en la que el ser se
expresa a sí mismo a través de nosotros, o sea, lo primero a cuestionar es nuestra propia
forma de ser. Tan solo el hombre puede plantearse este cuestionamiento, lo que deja en
evidencia el potencial de cuidado que tiene, y se manifiesta en toda posibilidad de ser.
Sin embargo, Heidegger no va a emplear la palabra hombre, la sustituye por el término
Dasein. La palabra Dasein va a designar, en primer lugar, al ente que somos nosotros
mismos (significado óntico) y, al mismo tiempo, designa al ser de ese ente (
significación ontológica). En consecuencia, al tomar al Dasein como punto de partida
para su investigación del ser, Heidegger no excluye a los otros entes, porque cualquier
investigación de nuestro ser incluirá automática y necesariamente una investigación del
mundo de los entes en el que habitamos. En este sentido también funcionamos como
enlace unificador con los entes que existen en nuestro mundo. Por tanto nuestro ser es,
en gran medida, un desenlace para nosotros. Por el contrario, otras formas de vida (
animales y plantas, por ejemplo) son lo que son.
La historia de la filosofía muestra que este proceso se había invertido: los
primeros filósofos buscaron el conocimiento en la naturaleza para luego reflexionar
sobre cómo conocemos y comprender que el punto de partida es conocerse a sí mismos.
Como ocurre en el relato Historia de los dos que soñaron, se ha descubierto que el
tesoro está en nuestro jardín y Heidegger, en su refundación de la filosofía opta por ir
hacia lo que hubiera debido ser desde un principio. Encontrará en el Dasein todas las
respuestas sobre el ser, tanto de este como de los otros entes, no en un mundo absoluto,
sino en el tiempo, en la historia. Como se puede constatar de inmediato, la existencia
humana tiene como eje cardinal de su constitución el hecho de que transcurre en una
temporalidad. Esto tiene como corolario, entonces, que en la conciencia de su propio ser
habita la conciencia de la propia finitud.
En primer lugar, este nombre también es la forma infinitiva de un verbo (existir),
que sugiere uno de los aspectos constitutivos diferenciadores que Heidegger atribuye a
la humanidad es que somos una actividad o proceso más que otro tipo de cosa. Ello
implica entonces el hecho de que la atribución de la temporalidad como parte de la
existencia es lo que hace que Heidegger asocie, en carácter de necesidad, al ser con el
tiempo. Heidegger lo resume de modo simple:
La tarea de una analítica existencial del Dasein ya se encuentra bosquejada
en su posibilidad y necesidad en la constitución óntica del Dasein. Ahora
bien, puesto que la existencia determina al Dasein, la analítica ontológica
de este ente requiere siempre una visualización de la existencialidad. (
Heidegger, 1926, p. 23)
Una vez que el Dasein comprende su ser, ello conduce naturalmente a la
comprensión del ser del ente. Hay un mundo en el que se da el Dasein, que no es un ser
en cualquier parte, sino un ser-ahí, y este mundo torna accesible el ser de los entes que
lo pueblan. Por eso la analítica existencial del Dasein posibilita la ontología
fundamental, base de todas las otras.
Como ya anticipamos esto tiene apariencia de paradoja: el Dasein es
ontológicamente lo más lejano porque está ónticamente cerca y es lo más cercano (
podemos saber sobre nosotros mismos sin poder tener una total comprensión de nuestro
ser). Tal característica se nos revela en nuestra finitud, implícita en nuestra temporeidad
, lo que se mostrará como el sentido del ser de ese ente llamado Dasein. En función del
tiempo deberán reinterpretarse las estructuras del Dasein que serán comprendidas como
modos de la temporeidad. El tiempo nos permite visualizar el ser del Dasein. El ser
debe concebirse a partir del tiempo y sus diferentes modos y derivados. Solo se vuelven
efectivamente comprensibles en sus modificaciones y derivaciones cuando se los
considera desde la perspectiva de temporal. Esto quiere decir entonces que “el ser
mismo —y no solo el ente en cuanto está ʻen el tiempo̕ —se ha hecho visible en su
carácter ʻtemporal̕.” (Heidegger, p. 28)
A partir de la exposición de la problemática de la temporeidad se dará la
respuesta concreta a la pregunta por el sentido del ser. Dicha respuesta a la pregunta por
el ser nos ofrece el hilo conductor para toda futura investigación.
Con respecto a la necesidad de considerar al Dasein desde su ser en el tiempo,
Heidegger afirma que él es su pasado:
Y esto no solo en el sentido de que su pasado se deslice, por así decirlo,
“detrás” de él y que el Dasein posea lo pasado como una propiedad que
esté todavía ahí y que de vez en cuando vuelva a actuar sobre él. El Dasein
“es” su pasado en la forma propia de su ser, ser que, dicho elementalmente
, “acontece” siempre desde su futuro. (Heidegger, 1926, p.30)
Quien soy yo ahora y, paradójicamente, el futuro también puede ser el origen de
mi pasado. En definitiva, vivimos proyectados hacia el futuro; la temporalidad es donde
se es en el sentido de la proyección de la posibilidad y del cuidado heideggeriano. Todo
se sintetiza en esa proyección desde el presente hacia el futuro.
Según Heidegger, quienes somos, nuestra forma de ser y el significado que
nuestra existencia tiene para nosotros, solo se puede comprender dentro del contexto de
la totalidad del proceso extendido de nuestra vida: de dónde venimos y a dónde vamos.
Poseemos una rudimentaria comprensión de nuestra existencia, anterior a cualquier
experiencia vital, que nos permite dar sentido al mundo en el que vivimos. Heidegger
explica esta comprensión en función de varios existenciarios previos. Cada
existenciario se refiere a un específico modo previo del ser y de la comprensión del
Dasein.
El primer existenciario previo del Dasein que Heidegger describe es el ser-en-el-
mundo. Para Heidegger, ser-en representa nuestra capacidad a priori de comprender,
relacionar, cuidar y preocuparnos por las cosas del mundo que nos rodean. El uso de los
guiones en la construcción “ser-en” resalta su idea del mundo y del Dasein como una
unidad indivisible.
El Dasein está unido al mundo ―es su “órgano más vital”―, el origen
fundamental de su existencia. Aunque puede haber grandes diferencias entre los
diversos mundos en los que puede vivir el Dasein, se puede hablar de una
infraestructura básica subyacente que todos ellos comparten. Heidegger la llama la
mundanidad del mundo. El Dasein tan solo será comprensible como
consecuencia del desarrollo de un análisis de lo que se denomina la estructura de la
relación del ser con el mundo, es la vía valida para acceder a ello y, por lo tanto, al
sentido de su ser.
Los estados de ánimo constituyen una parte primordial del carácter esencial del
Dasein y una forma de ser. El Dasein nunca se encuentra en un estado de desánimo,
porque siempre está en un estado de ánimo u otro. Incluso estados aparentemente
carentes de ánimo, como la indiferencia, son una forma de estado de ánimo: El estado
de ánimo está siempre presente en el Dasein y constituye el fundamento de la relación
del ser con el mundo.
Sin lugar a dudas, el Dasein está no solo ónticamente cerca, no solo es lo
más cercano —sino que incluso lo somos en cada caso nosotros mismos. Sin
embargo, o precisamente por eso, el Dasein es ontológicamente lo más
lejano. (Heidegger, 1926, p. 26)
Puesto que la cotidianidad mediana constituye la inmediatez óntica de este ente,
ella ha sido pasada por alto, y sigue siéndolo siempre de nuevo, en la explicación del
Dasein. Lo que se presenta entonces como lo más cercano en lo cotidiano es en realidad
está más lejos de una comprensión de la verdadera naturaleza del Dasein. Y como estos
caracteres de ser del Dasein se determinan desde la existencialidad, los llamamos
existenciales. Se los debe distinguir rigurosamente de las determinaciones de ser del
ente que no tiene la forma de ser del Dasein, a las que damos el nombre de categorías.
Existenciales y categorías son las dos posibilidades fundamentales de los
caracteres del ser. El respectivo ente exige ser primariamente interrogado en forma
diferente cada vez: como quién (existencia) o como qué (estar-ahí, en el más amplio
sentido). Sobre la conexión de ambas modalidades de los caracteres del ser solo se
podrá tratar una vez aclarado el horizonte de la pregunta por el ser.
El ser humano tendrá características distintivas que lo hacen esencialmente
distinto de cualquier otro ente, y la fundamental constituye su ser en el
mundo.
El estar-ahí “en” un ente que está-ahí, el co-estar-ahí con algo del mismo
modo de ser, en el sentido de una determinada relación de lugar, son
caracteres ontológicos que nosotros llamamos categoriales, un género de
caracteres que pertenecen al ente que no tiene el modo de ser del Dasein. (
Heidegger, 1926, p. 63)
Heidegger plantea que el Dasein comprende su ser más propio como un cierto
“estar-ahí-de-hecho’’. Y sin embargo, el carácter fáctico del hecho del propio existir (
Dasein) es, desde el punto de vista ontológico, radicalmente diferente del estar presente
fáctico de una especie mineral. No tiene nada que ver con la aflicción, la tristeza ni las
preocupaciones de la vida, estados que pueden darse ónticamente en todo Dasein. Todo
esto es ónticamente posible, al igual que la despreocupación y la alegría, porque el
Dasein, entendido ontológicamente, es cuidado.
En la angustia el Dasein se siente extraño y alienado de su ordinaria forma de ser
. Se siente incómodo, sin familiaridad y poco seguro, lo que en este caso equivale a un
“no-estar-en-su-casa”. El autor propone que el ser (su sentido) solo podía explorarse y
comprenderse en relación a, o en términos del tiempo. Heidegger nos advierte sobre la
necesidad de la historicidad, pues “el preguntar por el ser, cuya necesidad óntico-
ontológica ya ha sido señalada, está caracterizado, también él, por la historicidad” (
Heidegger, 1926, p. 31). Además, si el Dasein quiere responder a la pregunta por el
sentido del ser en general, descubrirá que esta historicidad revierte la opacidad de su
propia existencia para sí mismo y puede considerar incluso la posibilidad de contestar a
la pregunta por el sentido de la misma existencialidad.
Como ya señalamos, la historia de la ontología griega, que ha determinado el
aparato conceptual de la filosofía, prueba que es a partir del “mundo” que el Dasein se
comprende a sí mismo y al ser en general.
Una característica que señala Heidegger sobre el Dasein puede sintetizarse en la
siguiente afirmación: “el ser de este ente es cada vez mío”. Esto se relaciona con el ser
para la muerte, puesto que la propia muerte es intransferible. La muerte es el corolario
de la finitud. Por ello se convierte en trágica la fórmula heideggeriana:
En el ser de este ente se las ha este mismo con su ser. Como ente de este
ser, él está entregado a su propio ser. […] La “esencia” de este ente consiste
en su tener-que-ser [Zu-sein]. El “qué” (essentia) de este ente, en la medida
en que se puede siquiera hablar así, debe concebirse desde su ser (
existentia). (Heidegger, 1926, p. 51)
De todas las determinaciones del Dasein, las más significativas son las que
resaltan su finitud, y por ende, parece más importante lo que no es que lo que es, o tal
vez debiera decirse que su ser es la posibilidad perenne de no ser, su ser es un constante
camino hacia la nada. El filósofo nos advierte que:
Para evitar la confusión usaremos siempre para el término existentia la
expresión interpretativa estar-ahí [Vorhandenheit] y le atribuiremos la
existencia como determinación de ser solamente al Dasein. […] la
referencia al Dasein —en conformidad con el carácter de ser-cada-vez-mío
de este ente— tiene que connotar siempre el pronombre personal: “yo
soy”, “tú eres”. (Heidegger, 1926, ps. 51-52)
Heidegger insiste en que al “ente al que en su ser le va este mismo, se comporta
con relación a su ser como con relación a su posibilidad más propia. El Dasein es cada
vez su posibilidad, y no la tiene tan solo a la manera de una propiedad que estuviera-ahí.
Sin duda, aunque no lo explicite en cada frase, es inquietante suponer que “la
posibilidad más propia” es la muerte, que el autor concibe como un disolverse en la
nada.
Ambos modos de ser, propiedad e impropiedad —estas expresiones han
sido adoptadas terminológicamente en su estricto sentido literal—, se
fundan en que el Dasein en cuanto tal está determinado por el ser cada-vez
-mío [… y aunque] los dos caracteres del Dasein que hemos esbozado, la
primacía de la existentia sobre la essentia y el ser-cada-vez-mío, indican ya
que una analítica de este ente se ve confrontada con un dominio
fenoménico sui generis, que este ente no tiene ni tendrá jamás el modo de
ser de lo que solamente está-ahí dentro del mundo. (Heidegger, 1926, p. 52
)
Todo esto se choca contra la inevitable finitud que convierte a la búsqueda del
ser en una huida hacia la barricada que los entes puedan interponer, vanamente, ante la
inexorabilidad del final. Esto genera que “la cotidianidad media del Dasein no deb[a]
empero tomarse como un mero aspecto. También en ella, e incluso en el modo de la
impropiedad, se da a priori la estructura de la existencialidad”. (Heidegger, 1926, p.53
)
A los caracteres de ser del Dasein debemos denominarlos existenciales, pues
son determinados desde la existencialidad “porque todas las explicaciones [Explikate]
que surgen de la analítica del Dasein se alcanzan mirando hacia su estructura de
existencia.” (Heidegger, 1926, p.53).
Aunque pueda parecer reiterativo volvemos poner en juego que cuando
Heidegger dice que “en el ser del Dasein le va su ser,” significa que el Dasein, tiene
siempre ante sí la posibilidad de comprensión que consiste en el sentimiento de que su
ser es incierto y que está amenazado, que cada avance en una mejor comprensión señala
hacia su finitud o incompletitud y que cuanto más intuye de su esencia, más le resulta su
ser una nada.
Es notorio que un ente perfecto no tendría ninguna necesidad de otra cosa
aparte de sí mismo, pero el Dasein se comprende “como siendo su
ʻdestino’ estar vinculado con el ser de los entes que le hacen frente dentro
del mundo que es peculiar de él”. (Heidegger, 1926, 68.)
De ahí que el cuadro que se presenta del Dasein sea siempre el de un ente que de
alguna manera está unido o ligado a otros dentro del mundo, y consecuentemente, al
menos hasta cierto punto, depende de ellos. Nuestra experiencia del mundo del diario
vivir, en el que estamos inmersos, se revela a nuestra comprensión como un mundo de
cosas o utensilios a-la-mano. Desde el momento en que entendemos este mundo como
un mundo de utensilios, comprendemos que estamos ya en un mundo de otros Dasein.
De manera tal es así la comprensión del mundo que no existe la posibilidad del
solipsismo.
En este punto del desarrollo de la argumentación puede parecer legítimo
preguntarse sobre qué tienen que ver los utensilios con las limitaciones del Dasein. Sin
embargo, este modo de enfrentarse a las cosas revela, por lo menos, dos limitaciones
fin de 14
significativas: el hecho de que el Dasein vea las cosas como utensilios se entiende
porque está siempre tratando de hacer algo, generar algo a partir de alguna otra cosa,
alcanzar alguna meta, llevar a cabo algún propósito, como una ineludible manera de
soportar su precaria existencia; por otra parte, el Dasein necesita lo que no tiene, con
una necesidad que no es ocasional, sino constante. Por eso el Dasein siempre está yendo
más allá de sí mismo, en el sentido de que continuamente se está dirigiendo hacia algo
que no es él. De este modo se demuestra que no es autosuficiente.
El comportamiento del Dasein frente a los entes nos indica cómo es él, además
de cómo son los entes. Heidegger nos aclara que la constitución de ser, llamada estar-en
-el-mundo, nos permite comprender las determinaciones de ser del Dasein. No debemos
confundirnos ante la multiplicidad de las determinaciones: la expresión compuesta estar
-en-el-mundo indica, en su forma misma, que con ella se refiere a un fenómeno unitario.
Se debe considerar también que la necesidad de ver lo primariamente dado como
íntegro, no excluye la realidad, cuyos múltiples momentos estructurales y constitutivos
son irreductibles a elementos heterogéneos.
A la constitución de ser del Dasein, referida al estar-en, Heidegger la llama
existencial. Este estar-en-el-mundo es una constitución esencial del Dasein. Para el
autor:
La expresión “ocuparse de algo” se usa en la presente investigación como
término ontológico (como un existencial) para designar el ser de una
determinada posibilidad de estar-en-el-mundo… [ello nos conduce a
responder que] quién es el que es en el modo de la cotidianidad media del
Dasein. (Heidegger, 1926, p. 52)
Heidegger señala que el modo primario del estar-en-el-mundo da en el
conocimiento del mundo o, correlativamente, en el hablar del “mundo” y decir algo de
él. En el Dasein, y para él mismo, esta constitución del ser siempre es conocida de
alguna manera. Ahora bien, si ha de llegar a ser reconocida, el conocer (Erkennen) que
asume explícitamente esta tarea se toma a sí mismo —en cuanto conocimiento del
mundo— como relación ejemplar del alma con el mundo. ¿Cómo deberá referirse al ser
mismo del Dasein? Heidegger responde: “El ser mismo del Dasein debe mostrarse
como cuidado. A su vez, esta expresión deberá comprenderse como concepto
estructural ontológico”. (Heidegger, 1926, p. 66)
El cuidado nos conduce a las distintas formas de relacionarse del Dasein. El
modo de ser propio del Dasein ―que lo va a diferenciar del modo de ser de los entes―
, es designado por Heidegger con el término existencia, procurando designar su
característica de aperturidad. Esta posibilidad propia del Dasein será la que genera la
angustia. La angustia es un estado que se produce frente al mundo, a los otros y a sí
mismo; a su vez, ese estado describe el modo de relación del Dasein respecto del ser. La
aperturidad se va a constituir ―paradójicamente― en el horizonte insuperable en el
que siempre nos encontraremos en nuestro ser. Antes de Ser y tiempo, en las lecciones
del verano de 1923, Heidegger consideró que el estar abierto no es meramente una
opción, sino que es el estado que configura el mundo en tanto horizonte de referencias
significativas. El Dasein no está en el mundo, es un ser-en-el mundo.
Si alguien nos preguntara qué es el Dasein, deberíamos responder, en primer
lugar, que “es el mismo existir”. En segundo lugar, otra característica esencial a resaltar
del Dasein podría formularse de este modo: “el ser que está en cuestión para este ente es
cada vez el mío”.
A partir de estas afirmaciones podríamos realizar algunas consideraciones:
1-En primer lugar tenemos que el ser del Dasein es en esencia individual, porque se está
construyendo en sus propios actos, y pertenece a la esencia del Dasein ser este
determinado ente y no otro. La singularidad de las cosas es siempre una singularidad
que nos enfrenta, es un estar ahí de lo singular. Heidegger afirma que “el ser que está en
cuestión para este ente es cada vez el mío”. En el cuidado ―en la acción cotidiana cuyo
móvil es el cuidado― la comprensión de esta singularidad se expresa en el hecho de ser
cada vez la más propia posibilidad, que se contrapone y en definitiva anula la
posibilidad colectiva del uno.
¿Qué es el uno para Heidegger? En cierto sentido es una matrix o paradigma que
establece cómo verse, y que ese modo de verse es siempre en relación al mundo.
Determina también cómo se justifica en su lugar o actitud frente a sí mismo y cómo huir
. Cuando el uno deja de ejercer su poder de escape o caída frente a la angustia, el Dasein
se percibe solo en el mundo, vacío.
El uno gobierna todas las formas que tenemos de mirar al mundo, tanto las cosas
en las que no tenemos ningún interés como aquellas hacia las que dirigirnos nuestra
atención, porque las conocemos, porque son las que consideramos significativas, dignas
de nuestra devoción o nuestro estudio. En el sentido más general, lo que el uno hace es
determinar cómo el Dasein ha de ver las cosas, al mundo y a sí mismo. Dispone cómo el
Dasein ha de considerar, evaluar, pensar, etc., las cosas. Dicho de otra manera, establece
límites: si el uno dice que esto y aquello no es pertinente, entonces el Dasein ya no
averigua más; si afirma que algo es significativo, entonces el Dasein se interesa por ello.
2- El segundo aspecto implicado en el ser-cada-vez- mío es que al Dasein le pertenece
su propio ser. La impropiedad no anula el-ser-cada-vez-mío, sino que se constituye en
una modalidad de este, fundada precisamente en su estructura. Por estar entregado a sí
mismo como propio, el Dasein tiene una doble posibilidad de existir en posesión de sí
mismo, puesto que se comporta con relación a su ser como con relación a su posibilidad
más propia.
La idea de que el Dasein es ser-en-el-mundo señala que no se puede aceptar la
separación entre el Dasein y el mundo, o si se prefiere, entre el sujeto y el objeto.
Heidegger cree que las formas positivas y negativas de la conducta se hallan rodeadas
de la solicitud. De ahí que los modos de comportamiento, como por ejemplo estar contra
alguien o estar sin la otra persona, sean modos de solicitud. El otro se constituye, así, en
la referencia ineludible para la creación de la concepción del Dasein tanto respecto del
mundo como de sí mismo.
Afirmar que la solicitud es un existenciario significa, en un sentido fundamental
(no heideggeriano), que el Dasein siempre “guarda conformidad con” o está relacionado
con el otro. El Dasein no puede separarse nunca de esta relación y, por tanto, no puede
verse a sí mismo como un ente autosuficiente o independiente. Del mismo modo que el
Dasein no puede enfrentarse con objetos como si fueran simplemente algo “ante-los-
ojos” o por completo neutrales, así tampoco puede enfrentarse con otros Dasein como
entes neutrales, sino que se los encuentra siempre en un modo u otro de solicitud. Al no
existir un ser apartado del mundo, su identidad necesariamente tiene el tiempo como eje
cardinal. Por eso cuando Heidegger plantea que no hay mundo sin Dasein, resulta obvio
que no está haciendo una ingenua y absurda afirmación de que no hay mundo físico sin
hombre. El término mundo denota algo aparte del mundo físico. El hecho de que para
Heidegger el mundo incluya otros Dasein indica que no entiende al mundo solo en
términos de entes físicos. Decir que el mundo es lo que hay, y los modos en los que lo
que hay está organizado, equivale a decir que el Dasein es el “hacedor del mundo”,
porque este es quien organiza, ordena o interpreta el mundo. El mundo “ocurre” solo a
través de él.
La “comprensión” y este “encontrarse” (en un estado) no están completamente
separados, ya que la comprensión se encuentra siempre en tal o cual estado, y el
hallarse en tal o cual estado es siempre una comprensión. No habría posibilidad de
ánimo sin comprensión. Ello implica siempre la conciencia de uno en el mundo y en el
transcurso de una temporalidad. Según nuestro autor, cuando se le comprende
ontológicamente, “el estado de ánimo hace patente”. Los estados de ánimo colocan al
Dasein ante el “que es”, en su “ahí”.
Evidentemente, ser yecto no designa un acontecimiento específico, ni siquiera
una situación particular en la que el Dasein se halle, sino una forma en la que existe:
una forma de ser. El Dasein “se encuentra” en su estado de yecto, cuando a través de un
estado de ánimo descubre que este es no se corresponde con lo que acaba de acontecer,
sino con algo que está siendo o, en otras palabras, como algo que ya es. Lo que el
Dasein capta por tanto es su facticidad, la facticidad de que es y ha de ser como es. Al
captar esto se ve en su finitud y como ser en el mundo. Tal apreciación puede hacerse a
través del temple o estado anímico de la angustia. El Dasein es un ente con
posibilidades de ser de muchas maneras, y aunque tiene ciertas preferencias en cuanto a
las formas particulares en las que él quiere moverse, no ha elegido ser un ente cuyo ser
es mera potencialidad. El ser potencialidad es, en definitiva, el ser fáctico del Dasein. El
hecho de ser en el mundo se constituye en pura potencialidad; la muerte se constituye en
la más propia de las circunstancias del ser que anula otra posibilidad de ser.
El Dasein no construye su propio ser ni tampoco lo controla por completo, pero
por estar entregado a la responsabilidad de su ser, debe vivir como si lo hubiera
construido. Así, el estado de yecto expone el ser del Dasein como un “no ser”.
El sentimiento ocasional del absoluto sin sentido de la vida, que casi todo el
mundo ha experimentado alguna vez, la prueba de que el sentido del ser es interrogado
. El cuestionamiento de Heidegger sobre el sentido del ser está activo en nosotros:
intuitivamente lo reconocemos como una auténtica pregunta, a pesar de que
consideremos que no se puede contestar. El mero hecho de preguntarse por el sentido
del ser, revela no solo que yo existo, sino que mi vida tiene sentido, lo que constituye un
claro rechazo a la amenaza del nihilismo.
Parece imposible reflexionar sobre que quién soy en este momento sin tener en
cuenta todo lo que he hecho en el pasado y mi orientación en la vida, que se encuentra
en el futuro. Aunque estas observaciones pueden parecer obvias, definen un aspecto
crucial planteado por Heidegger: el pasado, el presente y el futuro forman una parte
inextricable y significativa de nuestra forma de ser.
Heidegger sostiene que el futuro es la dimensión más importante de mi tem
poralidad, porque las elecciones que hago para él son vitales, nos permiten dar sentido
al mundo en el que vivimos. El autor explica esta comprensión en función de varios
existenciarios previos. Cada uno de ellos se refiere a un específico modo previo del ser
y de la comprensión del Dasein.
ii: La angustia existencial como un modo fundamental de apertura del Dasein
ii.i: La necesidad del conocimiento de la totalidad del Dasein
El Dasein existe fácticamente. Heidegger se pregunta, entonces, por la unidad
ontológica de la existencialidad y la facticidad, o por la esencial pertenencia de esta a
aquella. El Dasein tiene, en virtud de la disposición afectiva que esencialmente le
pertenece, un modo de ser en el que es llevado ante sí mismo y abierto para sí en su
condición de arrojado. El Dasein existe y es fácticamente en virtud de un modo de ser
que le es propio. Se va a cuestionar la pertenencia de su existencialidad o vivencia de sí
en tanto que humano, a su facticidad. En virtud de su naturaleza tiene una tendencia a
enfrentarse a su propia condición de arrojado y es conducido ante sí mismo en función
de ello.
En la estructura misma del Dasein se halla la facticidad como posibilidad
permanente de estar siendo. En función de ello se va a cuestionar cómo se constituye la
relación entre esta facticidad y su propio modo de ser o su existencialidad.
Pero la condición de arrojado es el modo de ser de un ente que siempre es,
él mismo, sus posibilidades, de tal suerte que se comprende en y desde ellas (
se proyecta en ellas). (Heidegger, 1926, p. 182)
La condición de arrojado para Heidegger, se constituye en un modo de ser
conformado por sus posibilidades, y es desde estas se comprende a sí mismo y se
proyecta el Dasein. Toda comprensión y toda proyección a partir de sus posibilidades de
ser, se produce en función de la disposición afectiva del Dasein para enfrentarse a sí
mismo en su condición de ser arrojado en el mundo.
La cotidianidad media del Dasein puede ser definida, por consiguiente, como
el estar-en-el-mundo cadentemente abierto, arrojado-proyectante, al que en
su estar en medio del “mundo” y coestar con otros le va su poder-ser más
propio. (Heidegger, 1926, p. 182)
La cotidianidad media es definida por Heidegger como el estar en el mundo del
Dasein, de un modo abierto y enfrentado a su condición de arrojado, y en función de
ello, proyectado siempre en la posibilidad de ser en el mundo de los entes, de coestar
con los otros.
El ser del Dasein en el mundo debe ser conocible en su totalidad mediante una
mirada que abarque y atraviese todo su ser. Llegar a conocerlo en su unicidad original o
propia constituye el fundamento de cada uno de los momentos de posibilidad de ser que
constituye siempre el ser en el mundo.
El ser del Dasein, sobre el cual se apoyan ontológicamente la totalidad de las
estructuras, se nos hace accesible en una mirada completa que atraviesa este
todo en busca de un fenómeno unitario, que ya está presente en el todo y que
funda ontológicamente cada uno de los momentos de la estructura en su
posibilidad estructural. (Heidegger, 1926, p. 182)
Es en función de su ser que él está abierto para sí mismo. Tanto la disposición
afectiva como el comprender están siempre enrabados con su propia aperturidad. Esta
aperturidad para sí mismo tiene que permitirle el acceso a su propio ser, de una manera
que Heidegger entiende como simplificada.
La disposición afectiva que cumple estas exigencias y que permitiría al Dasein
presentarse ante sí mismo de forma simplificada y única es, según Heidegger, la
angustia. La disposición afectiva de la angustia, en tanto que posibilidad de ser del
Dasein, presenta lo que por ella fue abierto y al mismo tiempo es el fundamento que
permite la captación de su propio ser por parte del Dasein.
La posibilidad de ser que constituye la angustia, no solamente muestra al Dasein
abierto por medio de esta disposición afectiva, del mismo modo que ocurre con
cualquier disposición afectiva, sino que se constituye en el fundamento de la posibilidad
de la captación de la totalidad del ser del Dasein que originariamente se expresa en el
cuidado.
La angustia junto con presentar al Dasein mismo en ella abierto, presenta
también el fundamento fenoménico para la captación explícita de la totalidad
originaria del ser del Dasein. Este ser se revelará como cuidado. (Heidegger,
1926, p. 183)
En la angustia se le revelan al Dasein los modos de ser de los entes
intramundanos, tanto el estar-ahí como el estar-a-la-mano (referidos siempre a los entes
que no son el Dasein). La analítica del Dasein que se interna hasta el fenómeno del
cuidado debe preparar la problemática ontológico‐fundamental, es decir, la pregunta por
el sentido del ser en general.
Por medio de la analítica del Dasein, el cuidado prepara para la pregunta
ontológica más importante que permitirá llegar al sentido del ser en general. Heidegger
hace la distinción entre ente y ser basándose en el hecho de que el ser solo es en la
comprensión de aquel ente a cuyo ser le es propia la comprensión del ser, el Dasein
Será menester que sometamos a examen la conexión ontológica entre cuidado,
mundaneidad, estar-a-la-mano y estar‐ahí (realidad). Esto conducirá a una
determinación más precisa del concepto de realidad. El llevar adelante un examen
profundo de la relación verdadera entre la mundaneidad, la posibilidad del estar-a-la-
mano y el estar-ahí, permite una comprensión más precisa y, al mismo, tiempo más
amplia del concepto de realidad.
El cuidado permite o habilita una interpretación ontológica del Dasein. Como
toda interpretación ontológica, va a trascender toda previa comprensión del ser que sea
preontológica o el simple conocimiento del ente de tipo óntico. Esta aclaración se
realiza en base a lo que la interpretación precedente ha ganado en los fenómenos de la
aperturidad y del estar al descubierto, que hacen al ser en mundo del Dasein.
Esta interpretación ontológica va a hacer posible el comprender el sentido del ser
del Dasein y no simplemente una comprensión del ser humano como ente físico.
También permite un real acceso a los fenómenos de la aperturidad, del estar al
descubierto, que hacen al ser en el mundo del Dasein.
ii.ii: Proceso de aperturidad del Dasein a partir de la disposición afectiva de la angustia
De qué modo en la angustia el Dasein es llevado ante sí mismo por su propio
ser, de tal manera que el ente que la angustia abre en cuanto tal pueda ser
determinado fenomenológicamente en su ser. (Heidegger, 1926, p. 185)
La angustia constituye un modo de ser tal, que el Dasein es llevado por sí mismo
, por su propio ser, y mostrado en su propia aperturidad. De esta manera puede ser
determinado fenomenológicamente en esta apertura.
La absorción en el uno y en el mundo del que nos ocupamos, manifiesta una
especie de huida del Dasein ante sí mismo como poder-ser-sí-mismo propio.
(Heidegger, 1926, p. 185)
Para Heidegger, al absorberse en el mundo de uno, el Dasein va a expresar una
especie de huida de sí mismo y, sobre todo, de su poder ser más propio. Por lo tanto es
una huida de su poder ser auténtico en el mundo.
Heidegger se cuestiona sobre el fundamento que permite que la disposición
afectiva de la angustia sea la que genere la preparación suficiente para que el Dasein se
encuentre con su ser como totalidad.
Es cierto que en la caída el modo propio de ser-sí-mismo está
existentivamente cerrado y repelido; pero este estar cerrado es solo la
privación de una aperturidad que se manifiesta fenoménicamente en el hecho
de que la huida del Dasein es una huida ante sí mismo. (Heidegger, 1926, p.
186)
En la caída el modo propio de ser del Dasein está cerrado y, en definitiva,
negado. Para Heidegger esto implica siempre la negación de una aperturidad, que en lo
fenoménico se manifiesta siempre como una huida ante sí mismo. En la caída el Dasein
está óntica y existentivamente cerrado, pero este estar cerrado no constituye sino la
manifestación de una huida ante sí mismo, y por lo tanto deja en evidencia la existencia
de aquello de lo que huye.
Tan solo en la medida en que el Dasein es llevado por esencia
antológicamente ante sí mismo por su propia aperturidad, puede también
huir ante sí mismo. (Heidegger, 1926, p. 186)
ii.ii: Proceso de aperturidad del Dasein a partir de la disposición afectiva de la angustia
De qué modo en la angustia el Dasein es llevado ante sí mismo por su propio
ser, de tal manera que el ente que la angustia abre en cuanto tal pueda ser
determinado fenomenológicamente en su ser. (Heidegger, 1926, p. 185)
La angustia constituye un modo de ser tal, que el Dasein es llevado por sí mismo
, por su propio ser, y mostrado en su propia aperturidad. De esta manera puede ser
determinado fenomenológicamente en esta apertura.
La absorción en el uno y en el mundo del que nos ocupamos, manifiesta una
especie de huida del Dasein ante sí mismo como poder-ser-sí-mismo propio.
(Heidegger, 1926, p. 185)
Para Heidegger, al absorberse en el mundo de uno, el Dasein va a expresar una
especie de huida de sí mismo y, sobre todo, de su poder ser más propio. Por lo tanto es
un huida de su poder ser auténtico en el mundo.
Heidegger se cuestiona sobre el fundamento que permite que la disposición
afectiva de la angustia sea la que genere la preparación suficiente para que el Dasein se
encuentre con su ser como totalidad.
Es cierto que en la caída el modo propio de ser-sí-mismo está
existentivamente cerrado y repelido; pero este estar cerrado es solo la
privación de una aperturidad que se manifiesta fenoménicamente en el hecho
de que la huida del Dasein es una huida ante sí mismo. (Heidegger, 1926, p.
186)
En la caída el modo propio de ser del Dasein está cerrado y, en definitiva,
negado. Para Heidegger esto implica siempre la negaciónstá óntica y existentivamente cerrado, pero este estar cerrado no constituye sino la
manifestación de una huida ante sí mismo, y por lo tanto deja en evidencia la existencia
de aquello de lo que huye.
Tan solo en la medida en que el Dasein es llevado por esencia
antológicamente ante sí mismo por su propia aperturidad, puede también
huir ante sí mismo. (Heidegger, 1926, p. 186)
La pulsión o tendencia a huir de sí mismo es posible únicamente en la medida de
que en esencia es llevado ante sí mismo, en la medida que existe una disposición hacia
la propia aperturidad, como posibilidad de ser, sino no habría de que huir.
El óptico-existentivo darse la espalda, en razón de su carácter de apertura,
ofrece fenoménicamente la posibilidad de entender ontológico-
existencialmente el ante-qué de la huida en cuanto tal. (Heidegger, 1926, p.
186)
Es en la medida que se produce este darse la espalda, en la huida de sí mismo,
que es posible para el Dasein, como consecuencia de la exposición que genera la huida,
conocerse. El retroceder por miedo ante lo abierto por el miedo, ante lo amenazante,
adquiere el carácter de huida. La interpretación del miedo como disposición afectiva
hizo ver lo siguiente:
El ante-qué del miedo es siempre un ente perjudicial intramundano que
desde una cierta zona se acerca en la cercanía y que, no obstante, puede no
alcanzamos. En la caída el Dasein se da la espalda a sí mismo. (Heidegger,
1926, p. 186)
En la huida se da un fenómeno de retroceso ante lo que fue, paradojalmente, abierto por
el miedo. Siempre hay un ante-que (también se puede hablar de un ente que se presenta
como amenazante en su cercanía), pero en la caída el Dasein se da la espalda a sí mismo
. Esta aperturidad propiciada por el darse la espalda, realmente posibilita una
comprensión de sí mismo libre de las interpretaciones falsas. Esta comprensión tan solo
será posible por la capacidad del Dasein de tener una disposición afectiva a la
comprensión del propio ser del Dasein .
La validez metodológica entonces va a ser mayor en la medida que aumente la
originalidad de la disposición afectiva.
El darse la espalda, propio de la caída, se funda más bien en la angustia, y
esta, a su vez, hace posible el miedo. […] El ante-qué de la angustia es el
estar-en-el-mundo en cuanto tal. (Heidegger, 1926, p.187)
Lo que se presenta como amenazante en la angustia ―diferente del miedo, y
que sirve para identificar la particularidad de esta disposición afectiva― es la
indeterminación de un objeto u ente particular que lo provoque. Por tal motivo
Heidegger concluye que es el estar-en-el-mundo lo que genera angustia y provoca la
tendencia a la huida. Lo que estimula la huida es el propio ser, pues este es amenazante.
El ante-qué de la angustia no es un ente intramundano. De ahí que por
esencia no pueda estar en condición respectiva […] Esta indeterminación no
solo deja fácticamente sin resolver cuál es el ente intramundano que
amenaza, sino que indica que los entes intramundanos no son en absoluto
“relevantes”. (Heidegger, 1926, p. 187)
Esta indeterminación respecto del ente intramundano generador de la angustia
es fundamental, pues es lo que indica la absoluta irrelevancia de los entes
intramundanos y del mundo en su significación particular respecto del Dasein.
La totalidad respeccional —intramundanamente descubierta— de lo a la
mano y de lo que está‐ahí, carece, como tal, de toda importancia. Toda entera
se viene abajo. El mundo adquiere el carácter de una total insignificancia. (
Heidegger, 1926, p.187)
Toda la estructura del mundo, lo que está a la mano, pasa a carecer de
importancia; esta repentina insignificancia de todo lo que antes era el fundamento de la
existencia del Dasein en el mundo, pasa a ser la razón de su angustia.
“En ninguna parte” no significa simplemente “nada”, sino que implica la
zona en cuanto tal, la aperturidad del mundo en cuanto tal para el estar‐en
esencialmente espacial. (Heidegger, 1926, p. 187)
Reconocer que la causa de la angustia se presente en ninguna parte, no significa
que no sea nada, sino que en realidad se constituye en la aperturidad al mundo en tanto
tal. La rebeldía del intramundano “nada y en ninguna parte” viene a significar
fenoménicamente que el ante-qué de la angustia es el mundo en cuanto tal.
Aquello que genera la opresión no es algo determinado, ningún ente especifico,
sino la posibilidad de lo a mano en sí mismo, y esta posibilidad es el mundo mismo. La
nada, entendida como el mundo en cuanto tal, es, en definitiva, por lo que la angustia se
angustia. Esta nada de lo a la mano, lo único que el decir cotidiano de la
circunspección entiende, no es una nada total. La nada del estar a la mano se funda en el
más originario algo en el mundo. Sin embargo, por esencia, “este pertenece
ontológicamente al ser del Dasein en cuanto estar‐en‐el‐mundo”. (Heidegger, 1926, p.
188)
En la angustia se abre al Dasein el mundo en tanto que mundo. El angustiarse
abre originaria y directamente el mundo en cuanto mundo. No se trata de que primero se
prescinda reflexivamente del ente intramundano y se piense tan solo el mundo, ante el
cual surgiría entonces la angustia, sino que, por el contrario, la angustia como modo de
la disposición afectiva, abre inicialmente el mundo en cuanto mundo. (Heidegger, 1926,
p. 188)
El angustiarse va a abrir el mundo en sí mismo y no el de los entes a la mano, de
los cuales huye el Dasein. No es, según Heidegger, que se prescinda del ente
intramundano como resultado de una reflexión y que se piense en el mundo, sino que, la
angustia le impone el mundo en su completud o totalidad al Dasein desmoronando, la
significación del ente a la mano y, por lo tanto, particular. Como la angustia no se
constituye en algo específico, sino en algo indeterminado, remite a la totalidad del
mundo como posibilidad.
Dado que la amenaza no constituye algo concreto, sino algo indeterminado, la
angustia deja al Dasein en absoluta soledad y en un vacío. Esto resulta de la
imposibilidad de comprenderse a sí mismo de forma inmediata como referencia al
objeto intramundano. Es a través de la angustia, entonces, que el Dasein ya no puede
escapar de sí mismo y vivir en lo que todo el mundo dice. Mediante la angustia el
Dasein se abre como ser de posibilidad, y por lo tanto, como aquello que puede ser
desde sí mismo.En la angustia se hunde lo circunmundanamente a la mano y, en general
, el ente intramundano.
El “mundo” ya no puede ofrecer nada, ni tampoco la coexistencia de los
otros. De esta manera, la angustia le quita al Dasein la posibilidad de
comprenderse a sí mismo en forma cadente a partir del “mundo” y a partir
del estado interpretativo público. (Heidegger, 1926, p.188)
Heidegger entiende que cotidianamente el Dasein se va a interpretar de forma
inmediata o cadente a partir del ente intramundano y de lo que él considera que es el
estado interpretativo público. Con la angustia se corta esta interpretación y significación
inmediata, quedando el Dasein ante sí mismo, y su propia posibilidad de ser. Es a través
de la angustia que el Dasein se abre a su más propio poder ser, y por ello se le devuelve
la libertad de escogerse a sí mismo, de hacerse cargo de su propio ser. La angustia
conduce al Dasein hacia el poder ser libre, para ser en el mundo.
La angustia aísla al Dasein en su más propio estar-en-el-mundo, que, en
cuanto comprensor, se proyecta esencialmente en posibilidades. (Heidegger,
1926, p. 188)
La angustia revela en el Dasein el estar vuelto hacia el más propio poder-ser,
es decir, revela su ser libre para la libertad de escogerse y tomarse a sí
mismo entre manos. La angustia lleva al Dasein ante su ser libre para… (
propensio in …) la propiedad de su ser en cuanto la posibilidad que él es
desde siempre. (Heidegger, 1926, p. 189)
La angustia se constituye en una disposición afectiva eminente. Es en ella que
sucede algo extraordinario, pues se abre el mundo en tanto que mundo, y el Dasein en
cuanto estar-en queda aislado en su ser aislado, puro y arrojado. La angustia conduce al
Dasein ante su mundo, y por ello ante sí mismo.
La identidad del ante-qué y del por-qué de la angustia se extiende incluso al
angustiarse mismo, porque éste, en cuanto disposición afectiva, es un modo
fundamental del estar-en-el-mundo. (Heidegger, 1926, p. 189)
Así la angustia aísla y abre al Dasein como un solus ipse. Este solipsismo
existencial, lejos de instalar a una cosa‐sujeto aislada en el inocuo vacío de un estar‐ahí
carente de mundo, lleva al Dasein, ante su mundo como mundo, y, consiguientemente,
ante sí mismo como estar‐en el‐mundo. La desazón es el sentimiento predominante en la
angustia. La indeterminación es una forma de nada y de en ninguna parte. La desazón
evidencia ese no estar en casa. Debemos recordar que el estar en el mundo del Dasein
fue caracterizado como un sentirse en casa.
La cadente absorción del Dasein en el mundo del uno, en el dejarse significar
por el estado interpretativo público, le hace sentir un estar en casa falso, que se
evidencia en la disposición afectiva de la angustia. En la angustia uno se siente
desazonado.
Con ello se expresa, en primer lugar, la peculiar indeterminación del “nada m
y en ninguna parte” en que el Dasein se encuentra cuando se angustia. Pero,
la desazón [Unheimlichkeit] mienta aquí también el no-estar-en-casa. (
Heidegger, 1926, 189)
Lo que conduce al Dasein a sumergirse en el uno es en realidad una huida de sí
mismo, una huida ante el hecho de no estar en casa, y, como ya se planteó anteriormente
, esto se manifiesta en el estado anímico de la desazón, en el cual se encuentra el Dasein
en cuanto se ve arrojado y entregado al ser en el mundo sin la consideración de su
propio ser.
Ahora resulta fenoménicamente visible ante qué huye la caída en tanto que
huida. No huye ante un ente intramundano, sino precisamente hacia él, en
cuanto ente en el que la ocupación, perdida en el uno, puede estar en
tranquila familiaridad. (Heidegger, 1926, p.190)
La huida que lleva adelante el Dasein, en la cual se sumerge el vendido y
artificial estar-en-casa de la publicidad, constituye una huida de la desazón de la soledad
existencial al encontrarse en el mundo entregado a su propio ser. La manera cotidiana
de comprender la desazón es el cadente darse la espalda, que atenúa el no‐estar‐en‐casa.
Pero la cotidianidad de este huir muestra fenoménicamente que la angustia
pertenece, como disposición afectiva fundamental, a la constitución esencial
del Dasein que es el estar-en-el-mundo. (Heidegger, 1926, p. 190)
Heidegger afirma que en los hechos el estado anímico de la desazón queda
incomprendido en un sentido existentito. El predominio de la caída y del ámbito de
interpretación de lo público conduce a tal incomprensión, y por tanto la verdadera
angustia en realidad infrecuente.
Por el contrario, la infrecuencia del fenómeno es un índice de que el Dasein,
pese a quedar habitualmente oculto a sí mismo en su carácter propio, en
virtud del estado interpretativo público del uno, puede, sin embargo, ser
abierto en forma originaria en esta disposición afectiva fundamental. (
Heidegger, 1926, p. 190-191)
Para Heidegger la infrecuencia de la ocurrencia de la angustia existencial es un
síntoma claro, prueba cabal de que el Dasein en sí mismo es habitualmente oculto para
sí. En virtud del permanente bombardeo de la interpretación impuesta sobre sí mismo y
sobre el mundo, esta forma de aperturidad que se produce a través de la angustia, se
constituye en fundamental. Solo en la angustia se da la posibilidad de una apertura
privilegiada, porque ella aísla. Este aislamiento recobra al Dasein sacándolo de su caída,
y le revela la propiedad y la impropiedad como posibilidades de su ser. Estas
posibilidades fundamentales del Dasein ―cada vez el mío― se muestran en la
angustia tales como son en sí mismas, no desfiguradas por el ente intramundano al que
el Dasein se aferra.
Heidegger interpreta que la apertura que se da a través de la disposición afectiva
de la angustia es privilegiada, pues es ella la que aísla de la confusión anterior del
mundo y de sí mismo y se le revela, como consecuencia de su aislamiento, tal como es
en su propiedad e impropiedad de su ser. Es como consecuencia de este aislamiento,
que el Dasein puede verse en sus posibilidades de ser sin la distorsión de la
interpretación impuesta por sí mismo y el mundo.
fin 29
y le revela la propiedad y la impropiedad como posibilidades de su ser. Estas
posibilidades fundamentales del Dasein ―cada vez el mío― se muestran en la
angustia tales como son en sí mismas, no desfiguradas por el ente intramundano al que
el Dasein se aferra.
Heidegger interpreta que la apertura que se da a través de la disposición afectiva
de la angustia es privilegiada, pues es ella la que aísla de la confusión anterior del
mundo y de sí mismo y se le revela, como consecuencia de su aislamiento, tal como es
en su propiedad e impropiedad de su ser. Es como consecuencia de este aislamiento,
que el Dasein puede verse en sus posibilidades de ser sin la distorsión de la
interpretación impuesta por sí mismo y el mundo.
Heidegger se pregunta si con la angustia es suficiente para llevar adelante la
comprensión de la totalidad del Dasein o si será necesaria una consideración aún mayor
de su totalidad para lograr efectivamente esa comprensión de la totalidad.
Como se ha dicho, los caracteres ontológicos fundamentales de este ente son la
existencialidad, la facticidad y el estar‐caído. Estas son determinaciones existenciales
que no se pueden analizar de forma separada, pues en realidad constituyen una trama
total que estructura ese todo que es el Dasein.
Estas determinaciones existenciales no son partes de un compositum al que
pudiera alguna vez faltarle una de ellas, sino que conforman una trama
originaria que constituye la totalidad del todo estructural que se busca. (
Heidegger, 1926, p. 192)
Toda la estructura del cuidado del Dasein se va a expresar en el vínculo con el
mundo de manera de poder ser en el mundo; este será determinado por tales caracteres
que, a su vez, son los tres éxtasis temporales.
El Dasein ya siempre está “más allá de sí”, pero no como un comportarse
respecto de otros entes que no son él, sino, más bien, en cuanto está vuelto
hacia el poder-ser que él mismo es. A esta estructura de ser del esencial
“irle” la llamamos el anticiparse-así del Dasein. (Heidegger, 1926, p. 192)
Al Dasein le corresponde siempre un comportamiento respecto de sí mismo,
como un estar dirigiéndose hacia más allá de sí, en un dirigirse hacia un poder ser que él
mismo es en esencia. A este existencial, constituyente de la estructura fundamental del
Dasein, se le denomina el anticiparse a sí.
Para Heidegger, el todo remisional hacia el cual se dirige el Dasein en sus
múltiples fines, no puede concebirse como un conjunto compuesto por un sujeto y
objetos relacionados entre sí, sino que se constituye en una expresión fenoménica de la
totalidad del Dasein, sintetizada en el anticiparse a sí estando ya en medio de, como un
existencial fundamental.
El cuidado no caracteriza, por ejemplo, tan solo a la existencialidad,
separada de la facticidad y de la caída, sino que abarca la unidad de todas
estas determinaciones de ser. (Heidegger, 1926, p. 193)
El cuidado, en tanto ser del Dasein, no va a abarcar únicamente a una de las
determinaciones del ser, como por ejemplo la existencialidad, sino que en realidad va a
abarcar a la totalidad de las determinaciones de la existencialidad, la facticidad y la
caída, en tanto que determinaciones del ser del Dasein.
Cuidado no puede referirse a un particular comportamiento respecto de sí
mismo, puesto que este comportamiento ya está ontológicamente designado
en el anticiparse-a-sí; ahora bien, en esta determinación quedan también
incluidos los otros dos momentos estructurales del cuidado: el ya estar-en y
el estar-en-medio-de. (Heidegger, 1926, p. 193)
Para Heidegger en todo comportamiento hay una referencia a sí mismo, en el
sentido del anticiparse a sí mismo. Ello es cuidado en un sentido ontológico, y en ese
anticiparse van a estar integrados los otros momentos estructurales del cuidado. En el
estar referido a sí ya está incluida necesariamente la determinación del estar en y el
estar en medio de, pues las abarca en su remisión al mundo implicando a los otros y a
los entes. Heidegger considera que al constituirse en la totalidad estructural, el cuidado
se va a dar a priori en todo comportamiento del Dasein, pues conforma el fundamento
de su existencia.
Tanto la inclinación como el impulso se presentan en los otros entes animales
que no son Dasein, pero no tienen a la existencialidad como matriz condicionante y
significativa para su desarrollo en el mundo fáctico. Inclinación e impulso, voluntad y
deseo, tienen su trabazón necesaria en el sentido del cuidado para el Dasein, se
constituyen en la búsqueda o lo que se llamará la inclinación que busca acercar al
Dasein a sus supuestas necesidades.
El poder-ser por mor del cual el Dasein es, tiene el modo de ser del estar-en-
el-mundo. Ese poder-ser implica, pues, ontológicamente, una relación con el
ente intramundano. El cuidado es siempre, bien sea tan solo privativamente,
ocupación y solicitud. (Heidegger, 1926, p. 194)
El motivo por el cual el Dasein es lo que es, implica necesariamente el estar-en-
el-mundo. Es ese poder ser el que permite al Dasein establecer una forma de relación
con el ente intramundano. En ese ser en el mundo del Dasein siempre van a estar
presentes la ocupación ―ser con los entes―, y la solicitud ―ser con los otros Dasein
―. El sentido del cuidado será propiciado por la posibilidad de analizar el proyecto de
ser, fundamento para la interpretación del ser del Dasein en la existencia, logrando así
que lo proyectado por el Dasein se visibilice de forma explicita. El sentido del cuidado
siempre va a tener lugar en el mundo. Consecuentemente va a implicar la solicitud y la
ocupación. Tanto una como la otra estarán liadas, pues hacen al ser en el mundo del
Dasein de forma indistinguible.
El cuidado está en la determinación precursora que busca explicitar o realizar el
proyecto de ser implícito en la existencia humana. La comprensión, la consideración y
anticiparse a sí son la esencia del propio ser como Dasein. El cuidado es el sentido de
la existencia humana, se constituye en el querer que conecta con el mundo. Los
momentos existenciales, facticidad, existencialidad y caída, todos indistinguiblemente
implicados en el ser en el mundo del Dasein, forman parte de la estructura total del
cuidado.
En el Dasein siempre hay una referencia al mundo que de alguna manera se va a
ver expresada en un querer, y ello implica un sentido de cuidado como propósito de ese
querer.
Los momentos constitutivos de la posibilidad ontológica del querer son pues
los siguientes: la previa aperturidad del por-mor-de en general (anticiparse-
así), la aperturidad del ámbito de lo que puede ser objeto de ocupación (
mundo como el donde del ya-estar) y el proyectarse comprensor hacia un
poder-ser relativo a una posibilidad del ente “querido”. A través del
fenómeno del querer asoma la subyacente totalidad del cuidado. (Heidegger,
1926, p. 195)
Para Heidegger se van a constituir varios momentos en el querer del Dasein
respecto del mundo que son los que describe como: la previa aperturidad del por mor
que en general implica el anticiparse a sí del Dasein; en el querer también se abre, al
mismo tiempo, el mundo del que el Dasein puede ser objeto de ocupación, o sea, el
estar con los entes; y por último, el proyectarse desde la comprensión del poder ser,
relativo a un ente querido. En definitiva, para el autor, en el querer se hace patente la
totalidad implícita del cuidado. Como se expresó anteriormente, el Dasein se acerca a lo
que cree que necesita. La aperturidad del Dasein a través de los distintos ámbitos, es lo
que posibilita el acercamiento. Dado que el estado fundamental del Dasein es el cuidado
, todos los otros aspectos implicados en el ser del Dasein estarán enraizados y
unificados mediante esta condición fundamental. Será el cuidado, indefectiblemente, el
que proporcionará una estructura de cohesión y unificará la vida del Dasein,
posibilitando así el desarrollo de una existencia verdaderamente autónoma. Al darle un
sentido a la existencia humana, se consolidará como el núcleo integrador que le da
coherencia al ser y la vida. El cuidado, presente en la base de todo comportamiento del
Dasein, constituye, tanto en su aspecto teórico como práctico, el fundamento de toda
posibilidad de ser del Dasein.
El deseo es una modificación existencial del proyectarse comprensor, que,
sumido en la condición de arrojado, se limita a añorar las posibilidades. Esta
añoranza cierra las posibilidades; lo presente en el añorar desiderativo se
convierte en el “mundo real”. El deseo pre-supone ontológicamente el
Cuidado. (Heidegger, 1926, p. 195)
Para Heidegger, al proyectarse de forma comprensora bajo la influencia del
deseo, el Dasein se limita a añorar las posibilidades de ser que anteriormente vivió. Tal
añoranza va a cerrar las posibilidades reales de ser. Pero, aún así, propone al cuidado
como fundamento de la posibilidad de la existencia. De alguna manera, el deseo se va a
constituir en una forma de distorsión del proyectarse del Dasein para constituirse en la
proyección desde la comprensión. Se constituirá así en una proyección del deseo, en el
cual se produce la negación u obnubilación de las auténticas posibilidades de ser. El
deseo se procura en el mundo, implicando esto una consideración de él.
Al dirigirse hacia un objeto de la inclinación, hay un movimiento, un dejarse
arrastrar por aquello que la inclinación quiere volver a vivir. Heidegger considera que
en ese movimiento, toda la estructura del Dasein se va a ver transformada. El Dasein
pone en la búsqueda de ese objeto de deseo todas sus posibilidades de ser. El impulso a
vivir es en realidad plenamente vivenciado, y no puede ser extinguido, de la misma
manera que la tendencia a ser vivido por el mundo tampoco va a poder ser acallada.
El “hacia-algo” de la inclinación es un dejarse arrastrar por aquello que la
inclinación añora. Cuando el Dasein se deja absorber por una inclinación, lo
que propiamente ocurre no es que solo se dé una inclinación, sino que la
estructura entera del cuidado queda modificada. Enceguecido, el Dasein
pone al servicio de la inclinación todas sus posibilidades. (Heidegger, 1926,
p. 196)
En el dejarse arrastrar de la inclinación, el cuidado del Dasein ―en el existir en
el mundo― se va a ver distorsionado por el deseo o la inclinación, de tal manera que
todas las posibilidades de ser se van a ver sacrificadas o degradadas, van a
distorsionarse debido a la inclinación. Es una forma de alienación en la cual hay un
olvido del propio ser en función del objeto de deseo.
En la inclinación hay un dejarse arrastrar por aquello que se quiere volver a
vivenciar. En ese proceso, toda la estructura del cuidado se ve distorsionada por una
concepción transformada de la realidad, y en función de ello, va a sacrificar todas las
posibilidades de ser. En la inclinación se daría una forma impropia de aperturidad al
mundo, pues se visualizaría un abandono del propio ser al colocar al objeto de
inclinación como lo único real.
Los momentos constitutivos del querer son: la previa aperturidad del por-mor-de
o en-vistas-a-que; la aperturidad al mundo como el dónde del ya estar (objeto de
ocupación); la aperturidad a los otros Dasein en su propio poder ser. Estos tres
momentos abarcan la totalidad del cuidado. El hecho de que se fundamenten en el
cuidado es lo que hace que puedan transformarse de tendencia a vida inauténtica, a
cuidado auténtico del propio Dasein.
En síntesis, el deseo, la voluntad y la inclinación tienen siempre un fundamento
ontológico en el cuidado. Este fundamento es el que habilita al Dasein a ser lo que es.
El cuidado constituye, en función de esto, el fundamento de la relación con el mundo
del Dasein.
Explicar el Dasein como estructurado por el cuidado, permite que se lo piense
como algo que está abierto en un sentido óntico y existencial, y no como algo ideado
previamente y agregado a toda experiencia. El cuidado es, en esencia, el cuidado sobre
el ser del Dasein, y se constituye en un estar delante de sí mismo frente a la posibilidad
más extrema del propio poder ser. El cuidado no surge de una comprensión intelectual
previa, sino que se va a constituir como consecuencia de la comprensión de encontrar su
posibilidad más extrema, como fundamento de toda posibilidad
El Ser del Dasein, se nos dirá, es preocupación. Preocupación de qué,
preocupación por sí mismo. El Dasein es un ente que cuida de sí mismo y
vuelve sobre sí mismo. (Heidegger, 1926, p. 217)
El Dasein se encuentra necesariamente volcado hacia su poder ser más propio, y
en función de ello el ser del Dasein se anticipa siempre a sí mismo. El Dasein está
anticipándose a sí, teniéndose a sí como referencia, en la medida que está siempre
considerando si lo que puede ser en una situación particular, cuando valora como real la
posibilidad más propia (la muerte), puede desarrollar un cuidado de su ser auténtico.
La historicidad del Dasein es el fundamento mismo de lo que es, procede de una
historia y a ella retorna. Esto va a darle especial relevancia a la concepción del cuidado
del Dasein, pues está presente preontológicamente en toda forma de existencia que
adopte. La autointerpretación y comprensión del Dasein lo particulariza en su
proyección compresora de la temporalidad; la historia pesa en términos de futuro para él
. El testimonio del cuidado que se da de forma anticipada a toda experiencia es lo que
permite comprender la antigua conexión entre el cuerpo y el espíritu.
Al decir que en su ser le va su propio ser buscamos interpretar la estructura del
ser desde un comprender, en el sentido de un proyectante. Estar vuelto hacia el propio
poder ser se produce en tanto hay un permanente anticiparse a sí mismo. El poder ser
no se constituye en una estructura paralela ausente, sino por el contrario, es la referencia
desde la cual se proyecta el ser del Dasein. En el estar vuelto hacia el propio poder ser,
el Dasein siempre se anticipa a sí mismo.
Lo que usualmente se interpreta como la perfectio del hombre, o sea, el estar
vuelto para las propias posibilidades de ser, siempre se da como consecuencia del
cuidado. Se podría decir quizás que es obra del cuidado, determina el cuidado,
paradojalmente, la característica más propia de este ente que es el Dasein del estar
enfocado en el mundo, o sea, el ser un ser en el mundo.
La perfectio del hombre —el llegar a ser eso que él puede ser en su ser libre
para sus más propias posibilidades (en el proyecto)— es “obra” del
“cuidado”. Pero, el “cuidado” determina también con igual originariedad la
índole radical de este ente, según la cual está entregado al mundo de que se
ocupa (condición de arrojado). (Heidegger, 1926, p. 199)
En esta idea se muestra la concepción de la autointerpretación como clave en las
pautas concretas que seguirá el Dasein para su propia existencia. Se plantea la necesidad
de un fenómeno que sea el fundamento de la unicidad del cuidado en un sentido
ontológico, que sea entonces el fundamento del poder ser en el anticiparse a sí mismo
estando en un mundo.
iii. ii: La temporeidad como sentido ontológico del cuidado
Heidegger busca la estructura originaria que le da unidad a los fenómenos
descriptos en el apartado anterior. Al preguntarse por la unidad estructural de estos
fenómenos se procura dar transparencia al Dasein en su ser. Comienza su descripción
con el sentido del cuidado, considerándolo el ser del Dasein. En función de ello va a
describir al Dasein como ese ser al que le va su ser y que posee el potencial de forma
auténtica o inauténtica. En este análisis de la temporalidad se va a ver cómo la
proyección de la muerte esclarece el sentido del cuidado en la temporalidad como
proyectante comprensor del Dasein.
El Dasein se torna “esencial” en la existencia propia, que se constituye como
resolución precursora. El cuidado, en el modo de la propiedad, contiene la
originaria estabilidad del sí-mismo e integridad del Dasein. (Heidegger, 1926
, p. 314)
El Dasein va a considerar a la propia existencia como prioritaria, lo que se
manifestará a través de la resolución precursora. El cuidado, cuando se expresa de
forma propia, asumida, contiene a la integridad del Dasein. La apertura del Dasein es
plausible al proyectarse, y abre las posibilidades de ser de este ente en el mundo. El
sentido se constituye en el fundamento o la base desde la cual se proyecta el Dasein en
sus posibilidades de existencia en el mundo.
Sentido significa el fondo sobre el cual se lleva a cabo el proyecto primario,
fondo desde el cual puede concebirse la posibilidad de que algo sea lo que es
. En efecto, el proyectar abre posibilidades, es decir, abre aquello que hace
posible algo. (Heidegger, 1926, p. 315)
La temporalidad habilita que el Dasein se pueda proyectar hacia su ser en el
mundo de forma íntegra o completa, habilita que de manera propia pueda anticiparse a
sí mismo en su proyección. El sentido estará dado, en última instancia, por la búsqueda
más fundamental del Dasein que es la comprensión de su propio ser. Sobre la base de
ese sentido se facilita la proyección del Dasein en la apertura a sí mismo ―que
constituye la temporalidad―. El sentido está dado por la temporalidad para ese ser, no
como resultado de la temporalidad compartida, calificada como impropia por Heidegger
. La razón de ser del cuidado es, de forma más o menos explícita, examinar el proyecto,
fundamento desde el cual se forja el Dasein en sus diversas posibilidades de ser. Lo
proyectado hacia el mundo será el poder ser y estar del Dasein.
Dilucidar el sentido del cuidado significa entonces examinar el proyecto que
fundamenta y guía la interpretación existencial y originaria del Dasein, de tal
manera que en lo proyectado por él se haga visible su fondo de proyección.
Lo proyectado es el ser del Dasein, en cuanto abierto en lo que lo constituye
como modo propio del poder-estar-entero. (Heidegger, 1926, p. 315)
En el proyectarse del Dasein queda patente el sentido del cuidado, el para qué de
la proyección es en sí el sentido del ser en el mundo. El sentido de la existencia de un
ente, para Heidegger, consiste en la accesibilidad a su ser para sí mismo, mientras su ser
se constituye en lo proyectado en el transcurso de la temporalidad. El sentido de su
existir en el mundo se dará por el hecho de que lo proyectado por el Dasein se torne
comprensible para su propio ser.
Cuando decimos que un ente “tiene sentido”, esto significa que se ha hecho
accesible en su ser, ser que, proyectado sobre su fondo de proyección, es
quien, antes que ningún otro, “tiene” “propiamente” “sentido”. El ente no
“tiene” sentido sino porque, estando abierto de antemano como ser, se hace
comprensible en el proyecto del ser, es decir, desde su fondo de proyección.
(Heidegger, 1926, p. 315)
El sentido de un ente se adquiere en la medida que existe la comprensión de sí
mismo, esto es, según Heidegger, lo que lo abre a su propio ser. El ser abierto en la
proyección permitirá su constitución como proyectante del poder ser. Para Heidegger,
el Dasein, al proyectarse, puede encarar su propia existencia en tanto integridad o
totalidad del ser en el mundo que es en esencia.
El ser abierto es el de un ente al que le va este ser. El sentido de este ser, es
decir, del cuidado —sentido que lo posibilita en su constitución— es lo
originariamente constitutivo del ser del poder-ser. (Heidegger, 1926, p. 316)
En el direccionamiento hacia el futuro el Dasein se enfrenta, de forma propia o
impropia, a sí mismo. El porvenir tan solo es asumido como un modo de estar en
permanente soporte de su posibilidad más eminente. En el estar vuelto hacia la propia
muerte, en la forma propia o impropia, tan solo será posible en tanto se dé la proyección
del Dasein.
El dejar-se-venir hacia sí mismo soportando la posibilidad eminente, es el fenómeno
originario porvenir [Zukunft]. El hecho de que al ser del Dasein le pertenezca el estar
vuelto hacia la muerte en forma propia o impropia, sólo es posible en cuanto ese ser es
venidero. (Heidegger, 1926, p. 316)
En la posibilidad más eminente y propia que representa la muerte, el Dasein
estructura definitiva y completamente su cuidado, y se permite venir a sí mismo en toda
su completud.
El haber-sido emerge del futuro, de tal manera que el futuro que ha sido (o
mejor, que está siendo sido) hace brotar de sí el presente. Este fenómeno que
de esta manera es unitario, es decir, como futuro que está siendo sido y que
presenta, es lo que nosotros llamamos la temporeidad. (Heidegger, 1926, p.
317)
En la temporeidad se sintetizan los tres tiempos: pasado, presente y futuro. Todo
se vive o se comprende en el presente con dirección al futuro. La existencialidad es
temporeidad y a su vez es cuidado. A través de la disposición afectiva y su característica
particular de constante remisión al pasado, el Dasein se descubre a sí mismo como
aquel ente que permanentemente ha sido en la medida que es. La facticidad del ser en el
presente implicará, de forma necesaria, un haber sido, que nos remite al estado de
arrojado, según Heidegger. En la formulación del estado del cuidado, se encuentra
incluida la posibilidad de la formulación del antes y el ahora, como expresión de la
existencialidad y la facticidad.
En la disposición afectiva, el Dasein se sorprende a sí mismo como aquel
ente que él, mientras es, ya era, es decir, constantemente ha sido [ist gewesen
]. El sentido existencial primario de la facticidad radica en el haber-sido. La
formulación de la estructura del cuidado indica, con las expresiones “antes”
y “ya”, el sentido tempóreo de la existencialidad y de la facticidad. (
Heidegger, 1926, p. 318)
Para Heidegger es la temporalidad la que hace posible la unidad de la
existencialidad, de la facticidad y la caída. Estos momentos no se constituyen como un
armado de piezas, sino que son una totalidad integral en la cual es inadmisible pensar
una sin la remisión a las otras.
La temporeidad hace posible la unidad de existencia, facticidad y caída, y así
constituye originariamente la totalidad de la estructura del cuidado. Los
momentos del cuidado no quedan reunidos por yuxtaposición, como
tampoco la temporeidad misma se va constituyendo de futuro, haber-sido y
presente, “a lo largo del tiempo”. (Heidegger, 1926, p. 319)
La existencia es la temporización de sí mismo por parte del Dasein. Esto es lo
que habilita la comprensión de su propia existencia. El Dasein se encuentra a sí mismo a
nivel afectivo en los parámetros de ser y haber sido. El ser remite necesariamente al
haber sido, y por tanto a la existencialidad y a la facticidad. La existencialidad revela la
conciencia o comprensión de haber sido en el estado de arrojado, también el hecho de
ser y el estado anticipatorio de ser en relación con la propia finitud. El hacerse cargo de
la forma cómo se ha sido, muestra una especie de nihilización de la condición de
arrojado en el uno. Esto es consecuencia del enfrentamiento a la muerte de un modo
anticipado. Cuando nos hacemos cargo de nuestra condición de seres arrojados en la
existencia, forzosamente nos estaremos remitiendo al futuro.
El cuidado es estar vuelto hacia la muerte. La resolución precursora fue definida
como haber asumido la posibilidad de la absoluta imposibilidad del Dasein.
En semejante estar vuelto hacia su fin, el Dasein existe en forma propia y en
su integridad, como aquel ente que él —“arrojado en la muerte”— puede ser.
El Dasein no tiene un fin en el que solamente termine, sino que existe de un
modo finito. (Heidegger, 1926, p. 319)
Expresar que el Dasein existe de un modo finito es una redundancia, ya que el
existir humano es finito. La temporalización siempre es sobre el eje cardinal de la
finitud. La muerte no se constituye en la única causa para el fin del Dasien. La finitud
puede implicar el finalizarse de una actividad o etapa, y la muerte se asocia más con el
fallecer.
En el futuro propio, de la temporalidad originaria, esta aparece también como
finitud. Es en la comprensión de la propia finitud que se delinea la temporalidad y por
ello la existencialidad (haber sido).
El cuidado se despierta como consecuencia de la comprensión de la existencia
real de la finitud en la temporalidad, por lo tanto se desprende de la infinitud del tiempo
impropio. Heidegger la considera la muerte siempre desde dos perspectivas: desde la
cura o el cuidado, desde la caída y la existencialidad. El pre-ser se manifiesta en la
posibilidad inminente de la muerte. Tanto la existencialidad como la caída en el uno o
en el ser generan la posibilidad del cuidado y lo hacen propio o auténtico.
El tiempo es originariamente temporización de la temporeidad, y en cuanto
tal posibilita la constitución de la estructura del cuidado. La temporeidad es
esencialmente extática. La temporeidad se temporiza originariamente desde
el futuro. El tiempo originario es finito. (Heidegger, 1926, p. 320)
La existencialidad se delinea como consecuencia de una forma de
temporalización, como consecuencia de la comprensión de la finitud que habilita la
comprensión del ser y como resultado de ello, el cuidado. La temporalización,
favorecida por la comprensión de la finitud del tiempo, es cuidado, es y, por lo tanto,
existencia en sí y propia. La temporalidad siempre se va a remitir a la proyección, al
futuro. El fenómeno originario que despliega todas las otras formas de temporalidad es
el futuro. La primacía del futuro se manifestará también en el tiempo vulgar. La
temporalidad del Dasein no es en realidad, sino que se temporaliza a sí misma. Este
temporalizarse motiva una forma de maduración propia en el ser. Este fenómeno, a su
vez, es el que hace posible el cuidado. La totalidad del ser del Dasein como cuidado,
propicia un anticiparse a sí mismo estando ya en el mundo en general y de los entes que
comparecen en el mundo al igual que nosotros. El anticiparse a sí, como indicador del
futuro marca una actitud de riesgo, jugarse a sí mismo implica salirse de sí mismo.
Es interesante observar cómo se lleva adelante una asociación entre la
impropiedad del Dasein y su específica temporeidad. Dicha cuestión nos conduce a la
relación existente entre el modo propio de ser del Dasein y la temporeidad originaria.
El sentido del cuidado está en la determinación precursora que busca la
realización del implícito proyecto de ser de la existencia humana. La revisión y
examinación del proyecto vital del Dasein mediante la designación del sentido de la
temporalidad, es lo que permite esta explicitud.
Ahora que la mismidad ha sido explícitamente reasumida en la estructura del
cuidado y, por consiguiente, de la temporeidad, la interpretación tempórea de
la estabilidad del sí-mismo y de la inestabilidad del sí-mismo adquiere un
peso particular. (Heidegger, 1926, p. 322)
La existencia humana conlleva inevitablemente la temporalidad y como
consecuencia de ella tienen lugar los tres tiempos implícitos en el estar en el mundo. En
el arrojamiento del Dasein, en su ser en el mundo, están siempre en juego esas tres
formas de la temporalidad.
Es en la multiplicidad fenoménica se accederá a la comprensión de la
articulación del Dasein en la estructura que constituye el cuidado. El cuidado en su
desarrollo nos permite comprender el todo que lo sustenta. Tanto la existencialidad
como la caída en el uno o el ser son los que generan la posibilidad del cuidado y lo
hacen propio o auténtico. La finitud de la temporalidad originaria implica pues la
consideración de la posibilidad de la imposibilidad de todas las posibilidades en cada
momento del existir y por ello, constituye el sentido que esta como matriz en cada
momento de la existencia.